La cebolla es como el alma de la cocina, parece que si no está en nuestros guisos es como si faltase algo, pero ¡ojo! porque esta hortaliza no tiene las mismas cualidades si la consumimos cruda que si la cocinamos, y podemos encontrarla asada, frita, cocida, caramelizada y como tu imaginación te permita.
Sus principales propiedades es que estimula el apetito a la vez regulariza las funciones del estómago, es muy apropiada para personas que padecen estreñimiento, además es diurética y resulta excelente en las afecciones respiratorias, cuando tenemos tos, catarro, gripe o bronquitis.
Los que son diabéticos deben incorporarla a su tratamiento porque ayuda a depurar la sangre, desinfectándola, de hecho tiene altos contenidos en glucoquinina, que es una sustancia hipoglicemiante que está considerada como la insulina vegetal.
Más motivos por los que debe permanecer casi de forma constante en nuestra dieta, pues porque reduce, lo mimo que el ajo, la agregación plaquetaria, lo que evita el peligro de trombosis, también reduce los niveles de colesterol, triglicéridos y ácido úrico en la sangre.
Y un secreto de abuela: ayuda en los dolores de la menstruación. Pero no todo es favorable, se desaconseja en caso de hiperclorhidria y ardores de estómago.
Y ahora un pequeño truco si padeces de hemorroides, deja macerar 300 gramos de cebolla en un litro de agua durante toda la noche y al día siguiente bébete este líquido poco a poco. Y si machacas cebolla y la mezclas con miel a partes iguales te servirá para aclarar la voz y solucionar problemas ronquera.
