Hace más de 2.000 años que se conocen sus propiedades depurativas y diuréticas siendo cultivado en los huertos monacales como planta medicinal. Podemos encontrarlos blancos o verdes y dependiendo de qué parte del mundo hablemos, así será su preferencia. Mientras que en Alemania son muy apreciados los de tallos totalmente blancos en otras partes del globo prefieren para sus cocinas el espárrago verde. El método de blanquear los espárragos cultivándolos bajo tierra se puso de moda a finales del siglo pasado.
Tienen multitud de propiedades y usos como, por ejemplo, en problemas de retención de líquidos, obesidad, reumatismo, gota, y en
afecciones en general del riñon. Contiene cantidades significativas de vitamina B y como curiosidad decir que el espárrago verde contiene más cantidad de vitamina A que el blanco y un alto índice de clorofila.
A la hora de su consumo, salvo si lo compramos en conserva, el espárrago debe cocerse hasta que esté blando y no consumirlo duro, los tiempos de cocción según el tamaño oscilan entre los 10 y los 15 minutos. Hay que manipularlos con tacto debido a la delicadeza de sus puntas (yemas) que forman la parte más sensible y se rompen con f
acilidad al cocerse. Hay ollas especiales para esta labor, tanto para cocerlos de pie como en posición tendida.
Para finalizar os aconsejamos una manera rica de prepararlos combinando en el mismo plato espárragos verdes y blancos. Acompañados de mantequilla fresca y servidos con jamón o salmón, es un placer para la vista y el paladar, sin desmerecer sopas, ensaladas y multitud de platos fríos.